<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Estudio de Hermanas: Woman's Day article
link to home page link to NIEHS website link to NIH web site link to DHHS web site


El Estudio De Hermanas Puntos A Resaltar

!Hermanas de Adamari Lopez participan!

 

Video still of EMSI examiner with sisters Cruz and Olivia
Video del Estudio de Hermanas

 

photo link of Carmen and Ada's Sister Story spotlight
Hermanas:
Blanca, Carmen,
Nancy, y Ada




Photo link of Luisa Gándara Acevedo and her volunteer spotlight
Voluntarias:
Luisa Gándara Acevedo



Photo and link to Latinas Contra Cancer Supporting Organizion Spotlight
Organizaciones Colaboradoras:
Latinas Contra Cáncer


 

Oprima aquí para ver todas las Historias de Hermanas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                           Link to English version of the web site


Unidas en la Esperanza

Después de que mi hermana Olivia batallara contra el cáncer de seno, yo me inscribí en el Estudio de Hermanas y convencí a mis otras hermanas a que se inscribieran. Luego lo inimaginable ocurrió: me diagnosticaron a mí también.

Cruz Mireles, en entrevista con Cheryl Platzman Weinstock

Photo of Cruz and her sisters from Woman's Day article

     Photo curtesy of Woman's Day Magazine. Clockwise from top left: Yolanda, Carmen, Maudi,      Cruz, Josie, Gloria, and Olivia

El primero de cada mes cambio mis lentes de contactos y mi filtro del aire acondicionado, y también me hago mi propia examinación de cáncer del seno. Nunca sentí nada inusual así que cuando el año pasado fui para mi mamografía rutinaria a la edad de 60, no estaba preocupada cuando me dijeron que regresara a rehacer el examen. Esto ya había pasado en dos oportunidades. Tengo senos densos y muchos quistes por lo que la imagen de mi examen es difícil de leer. Pero luego de repetir el examen el técnico desapareció por un tiempo muy prolongado. Cuando regresó y me dijo que yo necesitaba un ultrasonido –y que me lo harían en ese momento- me dio pánico. Tres semanas más tarde fui diagnosticada con carcinoma ductal infiltrado de nivel 2 – lo que significa que tenía cáncer de seno y que se había regado.

No estaba muy sorprendida, ya que mi hermana Olivia había sido diagnosticada con cáncer de seno nivel 1 en el 1994 cuando ella tenía 40, y que sabía que mi riesgo aumentaba al envejecer. Cuando Olivia se enfermó, sí fue muy sorpresivo.

No teníamos una historia familiar de cáncer de seno y en nuestra comunidad todavía es un tabú hablar sobre esto. Me da la impresión que muchas latinas ni siquiera creen en mamografías. Pero Olivia fue muy abierta, después de que ella se enteró, me lo dijo inmediatamente. Yo soy la hermana mayor –de siete hermanas y un hermano- y Olivia y yo siempre fuimos apegadas.  Unos meses después de su cirugía, una tumorectomía, ella me enseñó su cicatriz, creo que ella quería que yo supiera que tener cáncer del seno no era tan horrible y que todo estaría bien. Por un tiempo así fue.

Dando y recibiendo ayuda

Nueve años después del diagnostico de Olivia, en el 2003 yo me inscribí en el Estudio de Hermanas, un estudio a gran escala que se enfoca en las posibles causas ambientales del cáncer del seno. Yo estaba sana para ese momento, las mujeres no deben tener cáncer del seno cuando que se inscriben y porque es un estudio observacional, las participantes no tenemos que tomar medicinas o hacer algún cambio especial en nuestro estilo de vida. Tan pronto como escuché de este estudio yo quise ser parte de el –no sólo por Olivia si no también para motivar a que otras latinas se examinaran y hablaran sobre esto.

Le pedí a mis otras hermanas que se inscribieran también y todas se inscribieron menos una de ellas. Yo sabía que si nos uníamos a este estudio serviría para apoyar a otras latinas, incluyendo Olivia, pero nunca pensé que ella sería la que me apoyaría.

Cuando fui diagnosticada con cáncer del seno en el 2007, le di primero la noticia a mi esposo Frank y a nuestra hija Melissa, y seguidamente le dije a Olivia. La llamé y le dije “que maldición, me uní a tu club” y me puse a llorar.

Esa noche mi esposo y yo fuimos a cenar con ella y su esposo. Generalmente yo era la que le daba apoyo, pero ahora mientras todos llorábamos, yo necesitaba que Olivia fuera la fuerte. Melissa tenía 37 años en ese momento pero yo temía que le diera pánico –por mí y por ella en el futuro- así que le pedí a Olivia que hablara con ella. Olivia le dijo a Melissa, “Mija, no te preocupes. Hemos hecho tantos adelantos tratando el cáncer del seno. Todo va a salir bien”.

Luego esa semana en una fiesta familiar, junté a mis hermanas y les dije sobre mi diagnostico. Recuerdo haber oído un suspiro de asombro  del grupo y haber visto la sorpresa en sus rostros. Oí a alguien decir –no sé a quien- “Oh, Dios, no otra vez”.

Cuando me reuní con el cirujano y él me dijo que podía elegir una mastectomía parcial o completa, Olivia apoyó totalmente mi decisión de ir por una mastectomía parcial y radiación. Ella me reafirmó que me recuperaría pronto y que todo volvería a la normalidad.

Antes de que comenzara con la quimioterapia, Olivia calmó mis miedos diciéndome que no había sido tan malo para ella y que no lo sería para mí tampoco. Aunque ella no perdió su cabello (sólo se puso muy delgado), pensé que yo pudiera perderlo por lo que hice una fiesta de pelucas. Nueve o 10 de nosotros, la mayoría familiares, fuimos a una tienda de pelucas y nos las probamos todas. Compré una de color rojo, la cual parecía que iba a ser más divertida que mi propio cabello de color marrón.

Al poco tiempo de haber perdido mi cabello me puse la peluca para una boda. Mientras bailábamos Olivia me preguntó si la peluca me daba mucho calor. Yo le admití que en realidad sí me daba calor, así que después de la boda decidí no usarla más. Cuando la gente me veía sin cabello se quedaba sin palabras, pero Olivia me dijo que ella pensaba que era muy bueno que yo me sintiera cómoda quedándome calva. “Tú tienes una cabeza con una bonita forma”, me dijo. Esto me hizo sentir más confiada para caminar por todos lados sin cabello, aunque las personas se me quedaran mirando.

La vida después del cáncer

Ahora que dos de nosotras hemos pasado por cáncer, Olivia y yo tratamos de estar pendientes de nuestras hermanas. Generalmente almorzamos juntas los domingos en casa de nuestra mamá y si es cerca del primero del mes, le preguntamos a todas si se han revisado sus senos. Hasta ahora ninguna se ha asustado sobre la posibilidad de que alguna otra de nosotras le de cáncer – al menos no al frente de mi y de Olivia. Aún cuando ahora sabemos que nuestra familia está a mayor riesgo, parece increíble que esta enfermedad pudiera atacar a una más de nosotras.

Me preocupa que el cáncer pueda regresar así que ahora examino mis senos cada dos o tres semanas. Espero que pueda sentir el abultamiento antes de que aparezca en una mamografía! Pero tengo fe de que todo saldrá bien, especialmente porque se que tengo a mis hermanas como apoyo.

Cuando Olivia tuvo cáncer, Melissa le dio una figura de madera: un ángel de valentía con los brazos abiertos. El domingo antes de mi cirugía, desayunamos juntas y Olivia me dio el ángel. Ella me dijo “sólo te lo presto”. Y luego miro a nuestras hermanas y dijo, “No se atrevan a meterse en este club. Hay más que suficiente cáncer en esta familia.”